Pakito Manero
Julio 19, 2026
El fútbol hace justicia
La propuesta de España vence al favoritismo y al anti fútbol
Por fin es justo el fútbol. En una tarde que parecía predestinada para perpetuar las narrativas de la cúpula y los hilos del ente máximo que organiza este torneo veraniego, la pelota dictó su propia ley en la prórroga.
No importaron las ayudas directas, ni los robos descarados, ni un arbitraje tendencioso que estiró el reloj a su conveniencia. Al final de cuentas, el fútbol premia a quien lo respeta, y hoy España demostró que se puede ser campeón del mundo proponiendo, atacando y buscando el arco rival.
Es la corona merecida para un torneo espléndido de la Furia Roja
La tesis básica de este deporte es tan simple como compleja: anotar. Y para estar cerca de meter goles, tienes que ofender.
El cuadro europeo entendió su rol protagónico desde el primer minuto y asfixió la portería contraria con hasta 20 llegadas de peligro, martilleando con trece disparos directos entre los tres palos que terminaron por romper la resistencia enemiga tras poco más de 120 extenuantes minutos de batalla.
En la otra cara de la moneda quedó el campeón defensor.
La final dejó completamente al descubierto que Argentina jamás jugó al nivel que nos querían hacer creer. El cuadro albiceleste firmó la crónica de un colapso anunciado: un equipo insípido, replegado, que renunció a la pelota y apostó por defenderse en su propio feudo durante los 90 reglamentarios y los 30 del suplementario.
Hoy, sobre el terreno de juego, se enfrentaron dos filosofías abismalmente opuestas
Por un lado, una España valiente y protagonista. Por el otro lado, la gran mentira ha quedado al descubierto.
Esta final dejó completamente demostrado que Argentina no jugó como parecía durante este torneo. Nos quisieron vender a un gigante, pero nos encontramos con un equipo insípido que se repliega, que defiende y que renuncia al espectáculo.
Fue un campeón defensor que jugó prácticamente lo mismo durante todo el torneo, que pocas veces tuvo deslices de buen fútbol y que, de manera sistemática, siempre, siempre fue ayudado en los resultados por el arbitraje, por la FIFA y por ciertas cosas extrañas que inclinaron la balanza.
Un equipo con esa postura no puede jugar más de 120 minutos e intentar ser campeón del mundo.
A lo largo del torneo vimos rojas que en su momento no salieron, y hoy presenciamos otra vez una roja que no sale del bolsillo del colegiado. Argentina debe haber jugado con nueve desde la segunda mitad por la violencia y reiteración de sus faltas.
A esto debemos sumarle la polémica de los goles anulados y un criterio para el tiempo añadido que roza lo increíble. Es inverosímil que agreguen 6 minutos en el tiempo extra y solamente cuatro en el tiempo regular, habiendo existido diez cambios en el tiempo regular, más las pausas de hidratación, más las flagrantes pérdidas de tiempo de los sudamericanos.
La balanza estaba claramente empujada, buscando desesperadamente el beneficio del campeón defensor.
Pero bueno, el fútbol ha sido justo y España vuelve a coronarse en la cima del planeta.
Este resultado deja una lección y una advertencia demostrada para el futuro: para GANAR en este deporte necesitas ofender, necesitas salir y proponer, jugar con valentía, tener la pelota lo más cerca de la portería contraria y, al final de cuentas, entender que esto se gana con goles, no con favores en el escritorio.
La corona viaja a Europa y el buen fútbol celebra.