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ANAMORPHIC
Octubre 20, 2025

deportes

“Telefono Negro 2”: La Secuela Que Patea el Cadáver del Original

Del Terror al Exceso, El Teléfono Negro Se Vuelve Ruido Blanco

El retorno de The Black Phone 2 no entra silenciosamente: llega como un portazo que hace temblar la idea misma de “secuela digna”. La original rompió moldes con su sótano oscuro, su teléfono que conecta con el más allá, y ese villano implacable que nos obligó a mirar donde no queríamos. Esta segunda entrega toma ese legado y lo revuelve como un tanque de ácido: lo expande, lo rompe y lo hace sangrar. Ahora los hermanos Finney y Gwen vuelven a ser peones en un tablero que clama por redención, venganza y, sobre todo, pesadilla en toda su crudeza. 

Pero no todo es aplauso: mientras el original se regodeaba en el horror contenido —la claustrofobia del sótano, el silencio que grita—, esta secuela se lanza al abismo del “más grande, más salvaje, más demoníaco” sin dudar. El escenario cambia: un campamento nevado en 1982, tormenta, aislamiento, gritos en la oscuridad. El villano resucita o muta o lo que sea para volver con mayor furia, y el guion se permite jugar con visiones, sueños, grabaciones granuladas de 8 mm y mucha simbología gratuita. Esa ambición es admirable, pero también sufre: el ritmo se encoge, la lógica queda a medio camino y el terror psicológico se diluye para dar paso a secuencias de acción y sobresalto más convencional.

 
La tensión está ahí —visualmente, este film da lo que muchos esperaban: imágenes que escupen hielos, reflectores rojos que iluminan cabinas dormidas y teléfonos que suenan cuando deberían estar rotos—, pero la sustancia se resiente. El viaje interno de los personajes se vuelve secundario frente a la pompa estética, y lo que antes era angustia genuina ahora se mezcla con un pastiche de slasher ochentero. Si la primera obra nos dejó con el corazón en la garganta, esta nos deja con preguntas: ¿era necesario abrir este universo? ¿o la secuela solo alarga el gemido original sin necesidad real? 

El resultado es tan provocador como irregular: The Black Phone 2 es un festín visual para los amantes del horror escabroso y el simbolismo libre, pero un puñetazo flojo para quienes amaron la sencillez brutal del primer acto. Es disruptiva, ruidosa y sin complejos —y como tal, merece verse—, pero también exige perdón por romper lo que funcionaba con precisión quirúrgica. Al final, se impone como un reto: acepta el cambio radical, o regresa al sótano donde comenzó todo. 

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