Anamorphic
Agosto 6, 2025
Superman 2025: ¿Renacimiento o último vuelo del Hombre de Acero?
¿Un nuevo amanecer o mera impostura?
La figura de Superman ha sido víctima de su propio mito. Desde los días gloriosos de Christopher Reeve hasta la ambición oscura de Man of Steel (2013), el personaje ha sido reinventado hasta el hartazgo sin lograr recuperar su esencia. Las entregas anteriores se debatían entre la nostalgia y el efectismo visual: Superman Returns (2006) fue una carta de amor al pasado que nadie pidió, Batman v Superman forzó una narrativa de odio entre íconos en lugar de explorar sus ideales, mientras que Man of Steel optó por una versión nihilista del héroe, más preocupado por destruir ciudades que por salvarlas. El problema no ha sido Superman, sino la industria que ha olvidado por qué este personaje alguna vez significó esperanza. En contraste, el Superman de 2025 va directo al corazón: busca hacer sentir la bondad, no imponerla con puños.
Después de años de reinvenciones fallidas, Superman (2025) se presenta con la promesa de un renacimiento bajo la batuta de James Gunn. Olvida los días oscuros de El Hombre de Acero (2013) y la confusa épica de Batman v Superman; esta nueva versión busca recuperar la esperanza perdida. No es una historia de origen: Clark Kent ya trabaja como reportero en Metrópolis, lidiando con su herencia kryptoniana y su conciencia humana. Es un Superman joven, inseguro y en plena búsqueda de su lugar, dejando en el pasado la espectacularidad vacía para apostar por la humanidad del héroe.
Con esta nueva película el estudio pretende corregir el rumbo, aunque lo hace con la misma torpeza de siempre. El filme es un espectáculo visual, sí, pero se nota desesperado por agradar a una audiencia que ya no confía en las capas ni en los símbolos. Las actuaciones son frías, los conflictos forzados y el guion no tiene el valor de hacer algo verdaderamente nuevo. Se esconde detrás de diálogos pretenciosos y escenas recicladas, olvidando que Superman no necesita volar entre explosiones para emocionar: necesita humanidad, algo que esta versión sigue sin encontrar.
Lo que se espera, o mejor dicho, lo que se promete, es un universo expandido donde Superman funcione como el eje moral de un nuevo panteón de héroes. Pero si esta entrega es el punto de partida, vamos mal. En lugar de recuperar al icono, lo siguen mutilando emocionalmente, convirtiéndolo en un producto de marketing más que en un símbolo cultural. Warner y DC no quieren contar una historia; quieren construir franquicias. Y en ese camino, Superman se convierte en una marca vacía, sin alma, sin identidad.
Si esta tendencia continúa, el futuro de Superman en el cine será una serie de películas sin corazón, atrapadas entre lo que el público espera y lo que el estudio cree que vende. Ya no necesitamos un Superman que vuele más alto, sino uno que se atreva a tocar tierra. Si no lo entienden, no será Krypton la que destruya al último hijo de El, será Hollywood.