Telemetria
Julio 29, 2025
McLaren Aplasta, Red Bull Implosiona y el Imperio se Derrumba en Spa
Spa Francorchamps ardió y se hizo notar Max Verstappen cruzando la meta en cuarto lugar para Red Bull, pero el golpe fue más mental que deportivo: este fue el primer Gran Premio sin Christian Horner al frente del equipo, despedido fulminantemente tres días antes tras veinte años de mando. La angustia interna y el nuevo mando de Laurent Mekies ya mostraron que aquel aura de invencibilidad se ha desvanecido. La escudería apenas arañó un puñado de puntos frente a la aplastante superioridad de McLaren, que copó el uno dos con Piastri y Norris dominando con puño de hierro.
Desde la salida, McLaren se impuso con brutal claridad: Oscar Piastri pinzó la victoria con maestría, Lando Norris escoltó ferozmente y dejó a Verstappen con la desesperación de siempre: correr sin poder ganar. Ferrari atacó el podio con Leclerc aguantando el tercer escalón. Pero Red Bull se exhibió con un equipo sin timón real: la amenaza de Verstappen ya no amilana ni intimida, y Yuki Tsunoda quedó lejos, en posición 13, sin aportar nada remarcable. La caída de Red Bull es patética: un cuarto puesto es un varapalo absoluto para lo que acostumbraban.
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En la clasificación general, McLaren aplasta con más de 500 puntos y una clara hegemonía. Ferrari consolida el segundo lugar pisando fuerte, Mercedes les sigue de cerca. Red Bull se hunde en un vergonzoso cuarto puesto, superada incluso por constructores más humildes. El golpe sin Horner ya duele en el músculo: su liderazgo desapareció, y con él, la fuerza bruta que moldeaba la escudería. Mekies llega sin estridencias, con un estilo técnico y colaborativo, pero el calendario aprieta, los rivales avanzan y Red Bull ya no es nadie salvo un nombre digno de nostalgia.
El nuevo rumbo de Red Bull huele a crisis controlada: sin Horner, sin Newey, con internalidades abiertas y un Verstappen cuyo futuro empieza a tambalear. El equipo antes temido ahora provoca ternura: una sombra de lo que fue. Si no revierten la situación, el tsunami imparable de McLaren y la paciencia limitada de su piloto estrella harán tambalear la estructura completa. Esta despedida explosiva marca el inicio de una era convulsa en Milton Keynes: sin el hombre ancla (+20 años en el puesto), el barco ya no tiene capitán y se dirige directo hacia aguas turbulentas.