Pakito Manero
Julio 31, 2026
El adiós del mejor defensa del siglo
El fútbol mundial ha perdido a una de sus más laureadas leyendas
El AC Milán confirmó el sensible fallecimiento de Franco Baresi a los 66 años de edad, luego de enfrentar complicaciones severas de salud derivadas de un padecimiento pulmonar que venía combatiendo en los últimos meses. La partida del eterno Capitano enluta a San Siro, pero al mismo tiempo inmortaliza la figura del zaguero que redefinió para siempre el arte de defender.
En una era donde el fútbol se medía principalmente por la fuerza física y el despeje expeditivo, Baresi impuso la inteligencia pura, la elegancia en la salida y una capacidad de lectura táctica que transformó la posición del líbero en una pieza creativa.
Dos décadas de fidelidad 'Rossonera'
La trayectoria de Franco Baresi comenzó con una paradoja célebre.
Nacido en Travagliato en 1960, asistió a realizar pruebas juveniles con el Inter de Milán junto a su hermano mayor, Giuseppe. Los visores del Nerazzurro lo descartaron por su contextura delgada y su baja estatura para la posición central, aceptando únicamente a Giuseppe.
El AC Milán, en cambio, vislumbró de inmediato una mente privilegiada para la anticipación y lo incorporó a sus fuerzas básicas. Debutó con el primer equipo en 1977, a la edad de 17 años, e inició un idilio de dos décadas interrumpidas.
Baresi jamás vistió otra camiseta a nivel de clubes.
Atravesó los momentos más oscuros de la institución (incluyendo dos descensos a la Serie B a principios de los años 80) y se mantuvo firme hasta liderar el resurgimiento más glorioso en la historia del club.
Durante sus 20 temporadas consecutivas con el Milán, disputó 716 partidos oficiales, ostentó el brazalete de capitán durante 15 años y conquistó un palmarés que lo situó en el Olimpo del balompié mundial. Tras su retiro en 1997, el AC Milán inmortalizó su impacto retirando de manera permanente el dorsal #6, un número que desde entonces ningún otro futbolista ha vuelto a portar en San Siro.
La revolución de Arrigo Sacchi
El punto culminante de la carrera de Baresi llegó a finales de los años 80 con la llegada del técnico Arrigo Sacchi. Juntos, revolucionaron la concepción táctica del fútbol moderno al abandonar la marca personal y el líbero clásico que flotaba detrás de la zaga, para implementar una defensa en zona con achique hacia adelante y trampa del fuera de juego.
Baresi fue el cerebro de ese sistema en el famoso "Milan de los Holandeses" (Marco van Basten, Ruud Gullit y Frank Rijkaard). Bastaba con que el capitán diera un paso al frente y levantara la mano para que toda la línea defensiva avanzara en sincronía perfecta, dejando desarmados a los delanteros rivales.
Acompañado por Paolo Maldini, Alessandro Costacurta y Mauro Tassotti, conformó la línea defensiva más implacable que se haya visto en Europa. Los números de aquella época retratan una superioridad abrumadora:
En la temporada 1991-92 de la Serie A (bajo la dirección de Fabio Capello), se proclamaron campeones invictos.
En la campaña 1993-94, la retaguardia liderada por Baresi recibió únicamente 15 goles en 34 partidos de liga.
Su impacto individual fue tan contundente que en 1989 obtuvo el segundo lugar en la votación del Balón de Oro, superado únicamente por su compañero Marco van Basten; un reconocimiento casi inalcanzable para un defensa central en la era moderna.
Palmarés con el AC Milán:
3 Copas de Europa / UEFA Champions League (1988-89, 1989-90, 1993-94)
6 Títulos de Serie A (1978-79, 1987-88, 1991-92, 1992-93, 1993-94, 1995-96)
2 Copas Intercontinentales (1989, 1990)
3 Supercopas de Europa (1989, 1990, 1994)
4 Supercopas de Italia
De campeón silencioso a la hazaña médica de 1994
Con la selección de Italia, Baresi acumuló 81 internacionalidades y disputó tres Copas del Mundo.
Con apenas 22 años, formó parte del plantel que levantó la Copa del Mundo en España 1982, aunque no sumó minutos en el torneo. Ocho años más tarde, fue titular inamovible en la escuadra que conquistó el tercer lugar en Italia 1990.
Sin embargo, su actuación más heroica con la Azzurra se escribió en la Copa del Mundo de Estados Unidos 1994. Durante el segundo encuentro de la fase de grupos frente a Noruega, Baresi sufrió una rotura de menisco en la rodilla derecha.
La lógica médica dictaba el fin del torneo para el capitán italiano.
En una demostración inédita de voluntad, fue intervenido quirúrgicamente mediante una artroscopia de emergencia en Nueva York y, apenas 23 días después, reapareció en la alineación titular para disputar la gran final ante la Brasil de Romário y Bebeto bajo el intenso calor del Rose Bowl de Pasadena.
Baresi brindó una lección magistral de marcaje y colocación durante los 120 minutos de juego, neutralizando a la delantera más peligrosa del planeta y manteniendo el arco en cero. Aunque la tanda de penaltis le deparó un desenlace cruel al errar su cobro, sus lágrimas al finalizar el encuentro quedaron grabadas como el símbolo de un líder que lo entregó todo por su país.
El legado del mito
Franco Baresi demostró que el liderazgo en la cancha no requiere de gritos estidentes, sino de rigor, lectura y convicción. Su capacidad para anticipar la jugada antes de que el delantero rival concibiera la idea convirtió la defensa en un arte estético y cerebral.
Se apaga la vida de un gigante, pero su legado permanece intacto como la medida estándar frente a la cual se evaluará a todos los defensores de las futuras generaciones.
Descanse en paz, el mejor defensa del siglo, el eterno Capitano.